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Más que ejercicio, esta clase de danza en Deep River mantiene viva la cultura afrocolombiana en CT

Merly De La Hoz Cookson organiza una jornada de puertas abiertas para su clase de danza afrocolombiana en el River Valley Dance Project en Deep River, Connecticut, el 17 de febrero de 2026. Cookson estudió educación en danza y teatro en una universidad de Barranquilla, Colombia, y trasladó esas habilidades a Connecticut tras mudarse a Estados Unidos después de una gira como bailarina y embajadora cultural de su país.
Ayannah Brown
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Connecticut Public
Merly De La Hoz Cookson organiza una jornada de puertas abiertas para su clase de danza afrocolombiana en el River Valley Dance Project en Deep River, Connecticut, el 17 de febrero de 2026. Cookson estudió educación en danza y teatro en una universidad de Barranquilla, Colombia, y trasladó esas habilidades a Connecticut tras mudarse a Estados Unidos después de una gira como bailarina y embajadora cultural de su país.

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Cookson descubrió su pasión en sexto de primaria, cuando ella y sus compañeros bailaron en la Plaza Santa Bárbara de Santa Cruz de Mompox, un pueblo en el norte de Colombia.

"Estábamos haciendo un popurrí, que es como una gran mezcla de muchas canciones que pertenecen a nuestra cultura", dijo Cookson. "Ese momento, esa energía, la pasión que todos aportaron a La Plaza de Santa Bárbara en Mompox me hicieron pensar que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida".

Ver a estudiantes, padres, abuelos y turistas reunidos bailando juntos la impactaron tanto que se le llenaron los ojos de lágrimas al recordarlo. Esa es la construcción comunitaria que fomenta a través de su clase de danza afrocolombiana los martes por la noche en el River Valley Dance Project en Deep River.

La música y la danza tradicional colombiana fueron una parte fundamental de su crianza, según explicó, debido al estilo de vida que experimentó en su ciudad natal.

"Mompox es un lugar en el que cada casa tiene un músico", también expresó. "Vengo de un lugar en el que la cultura [y] la música forman parte de nuestra vida diaria".

Sus padres solían organizar "tertulias musicales", o reuniones sociales que giraban en torno a la música, en su casa, según relató. Amigos de la familia interpretaban música que la transportaba por toda Colombia y a través de la historia, con sus influencias europeas, indígenas y africanas.

"Escuchábamos desde nuestra habitación, desde la mecedora, a todos esos músicos hermosos haciendo música del sur de Colombia, desde el centro de Colombia. Hablo de bambucos, pasillos y vallenatos", aclaró.

La mezcla cultural reflejaba su propia ascendencia. Incluso explicó que sus raíces africanas y europeas provienen del lado de su padre, mientras que sus raíces indígenas provienen de su madre.

Cookson declaró que le gusta educar a sus alumnos sobre esas influencias mientras enseña los movimientos de las danzas colombianas.

Dando vida a la cultura bullerengue y bantú

En clase, Cookson indicó a sus alumnos que pusieran las manos en las caderas, y en lugar de moverlas de lado a lado, les enseñó a realizar el movimiento de adelante hacia atrás.

En una jornada de puertas abiertas de su clase de danza afrocolombiana en el River Valley Dance Project, Merly De La Hoz Cookson enseña a sus alumnos diferentes pasos y movimientos de las danzas tradicionales colombianas. Más tarde les mostró dos bailes: el bullerengue, una danza afrocolombiana de la costa caribeña, y la cumbia, un pilar de la cultura colombiana.
Ayannah Brown
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En una jornada de puertas abiertas de su clase de danza afrocolombiana en el River Valley Dance Project, Merly De La Hoz Cookson enseña a sus alumnos diferentes pasos y movimientos de las danzas tradicionales colombianas. Más tarde les mostró dos bailes: el bullerengue, una danza afrocolombiana de la costa caribeña, y la cumbia, un pilar de la cultura colombiana.

Esta es una característica clave del bullerengue, un género musical tradicional y baile de la costa caribeña de Colombia.

"El bullerengue es una danza de iniciación. Es uno de los rituales que bailamos en el norte de Colombia y tiene un gran trasfondo de nuestros antepasados africanos", dijo Cookson. "[Durante el bullerengue], las mujeres se reúnen para celebrar la vida, la muerte y para celebrar que una niña se convierta en mujer".

El movimiento de caderas de un lado a otro representa a una mujer que experimenta calambres menstruales, informó Cookson. También expresó que el que las mujeres celebren a las mujeres a través de la danza es un reflejo de las raíces africanas arraigadas en este baile.

"La cultura africana era más matriarcal", dijo. "Muchos de nuestros antepasados tienen raíces en la cultura bantú, y son ellos quienes dan vida al bullerengue en el norte de Colombia".

Como afrolatina, incluso afirmó que tiene presente esos orígenes al enseñar a otras personas bailes como el bullerengue.

"Cuando la colonización llegó a América, fue a través de Cartagena, y con la colonización llegaron los esclavos de África en ese tiempo". "Hoy sabemos que eran más que esclavos. Se llevaban a princesas, a los médicos y a los líderes de las aldeas”.

La mezcla de diversas influencias culturales se celebra en Colombia; sin embargo, Cookson afirmó que la historia de una danza como el bullerengue es algo que no puede olvidarse.

"Lo agradezco hoy, pero sé que mis antepasados tuvieron que pasar por mucho para dejarnos estas experiencias culturales que tenemos y que podemos celebrar hoy", concluyó.

'La cultura es movimiento'

Para quienes tienen ascendencia afrolatina, Cookson afirmó que no les enseña pasos de baile, sino que les recuerda lo que ya llevan dentro.

"Nuestras raíces están dentro de nosotros, y también podemos vivir a través de ellas", comentó. "Existimos con el conocimiento de nuestros antepasados ya presente en nuestros cuerpos y cerebros. Existen dentro de nosotros".

"Let's imagine we are five [years old] and turn around!" Merly De La Hoz Cookson encouraged her students to twirl in their skirts and let out their inner child, after they put their skirts on for the first time during the open house for her Afro-Colombian dance class at the River Valley Dance Project in Deep River, Connecticut on February 17, 2026.
Ayannah Brown
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"¡Imaginemos que tenemos cinco [años] y démonos la vuelta!", así Cookson animó a sus alumnas a girar con sus faldas y dejar salir a su niña interior, después de que se las pusieran por primera vez durante la jornada de puertas abiertas de su clase de danza afrocolombiana en el River Valley Dance Project en Deep River, Connecticut, el 17 de febrero de 2026.

Cuando enseña a sus alumnas a pisar fuerte, doblar las rodillas o mover el cuerpo, ella afirma que eso es solo una ayuda para que reconecten con su herencia.

"No te lo estoy enseñando, solo te lo estoy recordando. Mueves los pies así porque está dentro de ti. Mueves las caderas así porque está dentro de ti", indicó.

Además, dejo saber que bailar de esa manera es lo que mantiene viva la cultura afrocolombiana.

Para quienes no son de ascendencia afrolatina o latina, Cookson mencionó que da la bienvenida a cualquier interacción que fomente la curiosidad y el aprendizaje adicional sobre su cultura.

"La cultura es movimiento. La cultura se mueve. Los cuerpos se mueven, y si permitimos que el cuerpo exista, existimos dentro de la cultura", declaró.

Comprometerse con su pasión y promover su cultura también son formas de mantenerse conectada con su afrolatinidad, una identidad que reconoce la ascendencia africana en sus orígenes latinoamericanos.

Es una identidad, confirmó, que la conecta con latinos de ascendencia africana en todo el mundo.

"Afrolatinidad significa pertenecer", declaró. "Significa convertirse. Significa comunidad".

Más información

La clase de danza Afrocolombiana con Cookson se celebra semanalmente los martes a las 6:00 p.m. en el River Valley Dance Project en Deep River, Connecticut.

Los estudiantes pueden pagar por clase como invitados sin cita previa o comprar paquetes de hasta 10 clases. No se necesita experiencia y se proporcionan faldas. También puedes seguir a Cookson en Instagram para saber más.

Daniela Doncel is a Colombian American journalist who joined Connecticut Public in November 2024.

In 2025, Daniela trained to be a leader in the newsroom as part of a program called the Widening the Pipeline Fellowship with the National Press Foundation. She also won first place for Best Radio/Audio Story at the 2025 NAHJ New England Awards.

Through her reporting, Daniela strives to showcase the diversity of the Hispanic/Latino communities within Connecticut.

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