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A sus 98 años, Pablo Meléndez se quedó sin palabras cuando el senador estadounidense Richard Blumenthal colocó una cinta de reconocimiento por su servicio militar en su traje gris. Su nieta, Alexia Meléndez Martineau, no pudo contener la emoción.
“Él es mi persona favorita y estamos realmente muy orgullosos de él”, dijo Meléndez Martineau, entre lágrimas. Ella viajó desde San Francisco para estar presente.
“Él es mi héroe”, añadió.
El veterano recibió varios honores por su servicio en la Guerra de Corea el lunes en la mañana, en su residencia asistida de South Windsor.
Meléndez sirvió en el Ejército de 1950 a 1952, tras alistarse en el servicio militar a los 19 años en la ciudad de Nueva York. Se mudó allí desde Aguas Buenas, Puerto Rico, donde nació.
Recibió la Medalla por el Servicio en Corea con dos estrellas de bronce, la Medalla de la Organización de las Naciones Unidas y la Insignia de Tirador Experto con barra de carabina, un reconocimiento otorgado por demostrar puntería calificada con dicha arma.
Un “hombre orgulloso, humilde y reservado”
Su familia sabía que era veterano, pero Meléndez Martineau dijo que no conocía el alcance de sus experiencias hasta que, ya en su vejez, escuchó hablar de todo lo que había vivido.
“Cuando era más joven, hice un proyecto escolar en el que decidí entrevistarlo sobre su servicio militar”, expresó Meléndez Martineau. “Él me contó historias que ni mi madre ni mi tía habían escuchado”.
Hasta el día de hoy, Meléndez Martineau afirma que no sabe por qué él sintió la necesidad de hablar sobre sus experiencias.
“Pero estoy muy agradecida por ello porque creo que me ayuda a comprenderlo”, dijo la nieta. “Siempre hemos tenido un vínculo especial, él y yo. Creo que nos entendemos muy bien y me gusta ver mucho de mí misma en él. Es a lo que uno aspira”.
Una de las historias que se compartieron durante la ceremonia del lunes fue la de un intento de rescate. Según sus familiares, en medio de un intenso intercambio de fuego, Meléndez intentó salvar a otro soldado que había recibido un disparo y se encontraba en estado crítico.
“Parte de lo que escuchamos de él fue que pidió ayuda a otros y nadie acudió”, dejó saber Yvette Meléndez, su hija mayor.
Tras llevar al oficial herido hasta un auto jeep, Meléndez relató que “de hecho, fue confrontado por un soldado de la Policía Militar quien intentó detenerlos, pero él no se lo permitió”.
Durante su servicio, Pablo Meléndez también sufrió heridas graves, incluidas lesiones en la cabeza, según informó Yvette Meléndez.
Su hija menor, Suzette Meléndez, afirmó que la guerra dejó una huella en él.
“Recuerdo que tenía pesadillas nocturnas, incluso cuando yo estaba creciendo”, dijo Suzette Meléndez.
Ambas hermanas señalaron que la ceremonia de premiación lo abrumó emocionalmente, pero Suzette Meléndez expresó que esperaba que el reconocimiento le ofreciera algo de paz y cierre.
“Es un hombre muy orgulloso, humilde y reservado cuando se trata de hablar de esas cosas”, expresó. “Espero que le brinde algo de paz y tranquilidad”.
Tradición de servicio público en Connecticut
Pablo Meléndez se mudó a Connecticut al jubilarse para estar cerca de su hija, Yvette, y de sus nietos, haciéndose conocido allí por su generosidad.
El veterano fue el cuidador principal de su difunta esposa, Lydia. Después de su fallecimiento, Suzette Meléndez dijo que él siguió estando presente para su familia y los miembros de su comunidad, preparando comidas y compartiendo momentos de alegría.
“Él es simplemente una persona que siempre se ha dedicado a ayudar a los demás”, dijo ella. “Si ve que alguien está pasando por una situación difícil, necesita ayuda o está atravesando un momento complicado, no espera siquiera a que le pidan ayuda.” Simplemente actúa”.
Yvette Meléndez dijo que quería que el servicio de su padre en el Ejército fuera reconocido mientras él aún está con vida, no solo para honrar su carácter, sino también para contribuir a una narrativa más amplia sobre la experiencia de los puertorriqueños en Estados Unidos.
“Somos invisibles en todas partes”, dijo sobre los puertorriqueños. “Por eso es tan importante ser vistos y que se reconozca lo que hemos hecho”.
La historia de Pablo es una de muchas que a menudo se olvidan, afirmó, tanto dentro como fuera del servicio militar.
“Hay tantos Pablos, ya sea aquí en Connecticut o en todo el país, donde existen contribuciones que la comunidad puertorriqueña ha realizado”, informó ella, “y simplemente pasan desapercibidas y son desconocidas”.
“Esta realidad no se limita a los puertorriqueños”, dijo Blumenthal en su discurso durante la ceremonia, “sino que también afecta a muchos de los militares que sirvieron durante la Guerra de Corea”.
“Se le conoce como la Guerra Olvidada. Nadie quería admitir que había una guerra”, dijo Blumenthal. “Pero eso no resta, de ninguna manera, el valor y el compromiso de servicio que Pablo y su generación demostraron.”
Blumenthal agradeció a Pablo por sus contribuciones y las de su familia a Connecticut.
“Usted vino aquí a Connecticut, y estamos muy contentos de que haya tomado esa decisión porque, además de usted, Yvette y su hermana han servido a Connecticut de muchas maneras”, expresó Blumenthal. “Usted transmite a su familia la tradición del servicio público. Te damos las gracias”.
Nota del editor: Yvette Meléndez es miembro de la Junta Directiva de Connecticut Public.