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De herramienta política a refugio cultural: la historia de las paradas puertorriqueñas en Connecticut

Las celebraciones surgieron, hace seis décadas, para movilizar electoralmente a una comunidad boricua que apenas comenzaba a establecerse.
Itzel Rivera / El Nuevo Día
Las celebraciones surgieron, hace seis décadas, para movilizar electoralmente a una comunidad boricua que apenas comenzaba a establecerse. 

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El sonido de los tambores se mezclaba con las sirenas de las patrullas, mientras las banderas puertorriqueñas avanzaban por la calle Park, en Hartford, Connecticut. A lo largo de la ruta, familias vestidas con los colores de la monoestrellada esperaban el paso de las carrozas, antes de unirse a la celebración en el parque Bushnell, frente al Capitolio.

La escena, presenciada por El Nuevo Día durante la parada puertorriqueña de 2025, mostraba una celebración multitudinaria. Sin embargo, detrás de la música y los bailes, permanece una historia de organización comunitaria, que comenzó con la necesidad de una población dispersa de ganar visibilidad e influencia política.

Más de seis décadas después, las paradas enfrentan un nuevo desafío: conseguir que los descendientes de quienes emigraron mantengan una relación con Puerto Rico.

Amílcar Hernández, presidente de la junta directiva del Instituto de Connecticut para el Desarrollo Comunitario, no siempre comprendió ese propósito. Durante los años que vivió en Filadelfia, nunca asistió a la parada puertorriqueña de esa ciudad. Tampoco acudió, inicialmente, a la de Hartford, cuando se estableció en Connecticut.

“Yo pensaba: ‘No voy a meterme en ese revuelo’”, recordó Hernández, cuya organización se encarga de coordinar la Parada Puertorriqueña y el Festival del Coquí en la capital estatal, donde el 44% de los ciudadanos son boricuas.

Su perspectiva cambió cuando conoció el trabajo comunitario que se llevaba a cabo durante el resto del año y al criar en Estados Unidos a su hijo, a quien procuró mantener conectado con Puerto Rico.
“Para muchos, como en mi caso, que soy puertorriqueño nacido y criado en Puerto Rico, se hace más natural”, expresó el utuadeño. Para quienes pertenecen a la segunda o tercera generación, agregó, la parada ofrece una oportunidad para la diáspora encontrarse con otros que comparten la identidad transmitida por sus padres y abuelos.

Registrarse para votar

La migración puertorriqueña hacia Connecticut comenzó a principios del siglo XX. Algunos trabajadores llegaron para ocupar empleos en comercios relacionados con el intercambio de ron y en la industria avícola, pero el movimiento aumentó después de la Segunda Guerra Mundial, con el reclutamiento de campesinos boricuas para trabajar en las tabacaleras del estado.

Muchos buscaban oportunidades económicas o, como varios han relatado a este diario, salieron de la isla “huyendo de la pobreza”. Para 1960, Connecticut ya albergaba alrededor de 16,800 puertorriqueños.

La comunidad aumentaba, pero se encontraba distribuida en distintas ciudades y contaba con poca representación en los espacios donde se tomaban decisiones sobre vivienda, educación y otros servicios. La activista puertorriqueña María Colón Sánchez encontró en la cultura una forma de reunirla y promover su participación cívica.

El 4 de octubre de 1964, Hartford celebró la primera parada puertorriqueña del estado bajo el lema “Register and Vote”, que resumía el objetivo de movilizar electoralmente a los boricuas. Cerca de 20,000 personas participaron en aquella actividad, según una investigación de Jhinia García y Charles R. Venator-Santiago, de la Iniciativa de Estudios Puertorriqueños de la Universidad de Connecticut.

Colón Sánchez se convirtió, posteriormente, en la primera puertorriqueña elegida a la Legislatura estatal, evidencia del vínculo entre las celebraciones y el acceso al poder político.

El modelo se propagó rápidamente. Bridgeport organizó una parada en 1965, con cerca de 50,000 participantes. Un año después, Waterbury celebró la tercera y, para 1968, la actividad había llegado a New Haven, donde se estimó una asistencia de unas 75,000 personas.

Durante la siguiente década, también hubo actividades en Meriden, Norwalk, New Britain, Stamford y New London, entre otras ciudades. La expansión coincidió con el crecimiento de la población boricua, que entre 1960 y 1970 aumentó 124%, de unos 16,800 a 37,800 residentes. Para 1980, ya rondaba las 91,600 personas.

Las paradas funcionaron, entonces, como vitrinas culturales, pero también como plataformas para exigir atención a las necesidades de la comunidad. Además de fomentar el registro electoral, sus líderes reclamaron mejores condiciones de vivienda, educación bilingüe y oportunidades socioeconómicas.

“Hubo un tiempo en que los líderes de la organización asumieron una posición de lucha porque los tiempos lo requerían”, explicó Hernández. De ese trabajo, sostuvo, surgieron figuras que ocuparon puestos electivos y otras que ejercieron liderazgo desde las comunidades.

Preservar lo que heredaron

Aunque las organizaciones todavía se expresan sobre asuntos públicos, Hernández entiende que su misión se ha movido gradualmente hacia la educación. El cambio, dijo, responde a una realidad distinta: ahora les corresponde acercarse a generaciones cuya experiencia de Puerto Rico proviene principalmente de sus familias.

“Existe la posibilidad de que las próximas generaciones se vayan alejando más de sus raíces puertorriqueñas”, advirtió. Por eso, afirmó, es necesario “preservar nuestra identidad, protegerla y pelear por ella”.

Esa preocupación también está presente en Bridgeport, sede de la Parada Puertorriqueña del Condado de Fairfield. Su vicepresidenta, Lissette Colón González, lleva 42 años residiendo en Connecticut y ha colaborado con la iniciativa desde diferentes posiciones.

Organizarla, explicó, requiere coordinar voluntarios y miembros de la junta, además de colaborar con las entidades responsables de las actividades en Hartford, New Haven, New Britain, New London, Meriden y Waterbury. Hace varios años, esos grupos constituyeron una coalición para apoyarse en la producción de sus respectivos eventos.

“Es un compromiso con nuestra comunidad, con nuestra cultura y, sobre todo, con preservar y transmitir nuestra identidad puertorriqueña a las nuevas generaciones”, manifestó Colón González.

Para la líder comunitaria, el resultado no debe medirse solo por la asistencia. Su valor también está en reunir a familias, jóvenes, artistas, comerciantes y organizaciones.

“Cada bandera, cada música, cada baile y cada sonrisa representa una parte de nuestra historia. El éxito está en haber creado un espacio de unidad, orgullo y pertenencia”, afirmó.

En su caso, reiteró que la celebración sirve para transmitir una identidad que no depende exclusivamente del lugar de residencia.

“Puerto Rico no está solamente en una isla; Puerto Rico vive en nosotros, en nuestras familias, en nuestras tradiciones y en la manera en que educamos a nuestros hijos y nietos sobre quiénes somos. La parada es una forma de decirles: ‘Esta es tu cultura, esta es tu historia y este es tu legado’”, sostuvo.

Del reclamo a la representación

La participación impulsada por las primeras organizaciones eventualmente se reflejó en las instituciones políticas. En 2001, Eduardo “Eddie” Pérez se convirtió en el primer alcalde puertorriqueño de Hartford. En noviembre de 2025, Robert “Bobby” Sánchez fue elegido como el primer alcalde boricua de New Britain, donde el 42% de los residentes son puertorriqueños.

Actualmente, los puertorriqueños ocupan 12 escaños en la Legislatura estatal y encabezan el Caucus Puertorriqueño y Latino. De igual manera, establecieron una comisión comercial entre Puerto Rico y el estado, con el propósito de fortalecer los vínculos económicos, comerciales, educativos y culturales entre la isla.

La medida de la Comisión Comercial fue aprobada por unanimidad en la Asamblea General y firmada el 5 de junio de 2025 por el gobernador demócrata Ned Lamont, cuya madre nació en la isla.

Los boricuas lideran, asimismo, múltiples instituciones, como el Concilio de Salud Hispana, el distrito escolar de New Haven y, anteriormente, el distrito escolar de Hartford, entre otras entidades médicas y de diferentes sectores.

Mientras tanto, la comunidad que dio origen a las primeras paradas ya supera las 300,000 personas, lo que representa cerca del 8% de los 3.7 millones de habitantes de Connecticut, según datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense.

La cifra convierte al estado en la jurisdicción con mayor proporción de puertorriqueños en Estados Unidos.

Las celebraciones de 2026 comenzaron en junio y han transcurrido durante el verano en las ciudades con comunidades boricuas numerosas. En el caso de Hartford, su actividad será el 13 de septiembre, con El Gran Combo de Puerto Rico como principal atracción musical, y la ciudad de Waterbury, por primera vez, cerrará la temporada el 19 de septiembre.

Lo que comenzó en 1964 como una celebración bajo un llamado a registrarse y votar continúa, más de 60 años después, como uno de los principales espacios en los que la diáspora puertorriqueña hace visible anualmente su presencia en Connecticut.

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