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Envejecer en la diáspora: el modelo de vivienda independiente en Connecticut que plantea preguntas para Puerto Rico

NEW HAVEN, CONNECTICUT, MARCH 17: Carelo Talavera (left) and Francis Villa Famania (right) chat with their friends during the lunch program at Casa Otoñal — where seniors are served Latin-inspired food every weekday in New Haven, Conn. “It’s more than just a meal,” said Elmer Rivera Bello, Casa Otoñal’s CEO, who says the lunch program gives residents an opportunity to connect with others and avoid social isolation, and for employees there to identify needs within the community. (Ryan Caron King/Connecticut Public)
Ryan Caron King
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Connecticut Public
Carelo Talavera (izquierda) y Francis Villa Famania (derecha) conversan con sus amigos durante el almuerzo en Casa Otoñal, un centro en New Haven, Connecticut, donde se sirve comida de inspiración latina a personas mayores todos los días laborables. "Es más que una simple comida", afirmó Elmer Rivera Bello, director ejecutivo de Casa Otoñal, quien señala que el programa de almuerzos brinda a los residentes la oportunidad de relacionarse con otras personas y evitar el aislamiento social.

El audio de arriba está en inglés.

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New Haven - “Sinceramente, en este lugar, me siento acogida y amada. A mi edad, irme a vivir a Puerto Rico y aventurarme en un lugar donde he escuchado tantas cosas negativas de los hogares de envejecientes, no. Yo me quedo en Casa Otoñal”.

Carmelidia Rivera Vázquez, de 72 años, hace la misma declaración varias veces mientras describe a El Nuevo Día cómo es su vida en Casa Otoñal, un complejo de vivienda independiente para adultos mayores ubicado en New Haven, Connecticut, estado donde el 8% de la población es boricua. Ese porcentaje equivale a más de 300,000 residentes.

Natural de Aguas Buenas, Rivera Vázquez llegó a este estado hace más de 40 años escapando de una situación de violencia doméstica. En Connecticut, crio a sus cuatro hijos, uno de ellos fallecido, y construyó una nueva vida lejos de Puerto Rico. Aunque se trasladó de vuelta a la isla por un tiempo, regresó a Estados Unidos en busca de servicios médicos. Actualmente, solo regresa a la isla para vacacionar.

Su experiencia refleja la filosofía que impulsa a Casa Otoñal hace casi cinco décadas.

“Los adultos mayores de Puerto Rico no abandonaron la isla por voluntad propia. Muchos vinieron a Connecticut para trabajar, sacrificarse y construir una vida mejor para sus hijos. Casa Otoñal existe porque creemos que esos sacrificios merecen ser honrados”, resumió Elmer Rivera Bello, principal oficial ejecutivo y presidente de la organización.

En momentos en que Puerto Rico enfrenta uno de los procesos de envejecimiento poblacional más acelerados de su historia, el modelo desarrollado por esta entidad boricua ofrece una mirada a cómo la vivienda, los servicios y la conexión comunitaria pueden integrarse para promover una vejez independiente y activa.

En 2024, en Puerto Rico, había aproximadamente 962,049 adultos mayores de 60 años. Ese mismo año, la isla ocupó la primera posición en el Caribe, la segunda en Estados Unidos y la cuarta a nivel mundial de jurisdicciones con mayor porcentaje de esta población, de acuerdo con la Base de Datos Internacionales del Negociado del Censo de Estados Unidos.

En Connecticut, jurisdicción con una población similar –3.6 millones de habitantes–, viven unas 630,000 personas mayores de 65 años.

“Los adultos mayores que se quedaron en la isla hicieron los mismos sacrificios. Merecen la misma dignidad. El modelo existe. La voluntad existe. Lo que necesitamos ahora es la inversión y el valor para exigirla. Casa Otoñal está lista para ser un socio para que esto suceda”, dijo Rivera Bello.

Una historia de la diásporaLa historia de Casa Otoñal comenzó en 1976. La organización nació como un programa de almuerzos para adultos mayores latinos en New Haven, donde ahora residen más de 22,000 puertorriqueños.

La propuesta se impulsó alrededor de la iglesia St. John’s, donde líderes comunitarios comenzaron a discutir la falta de un espacio para que las personas de edad avanzada latinas pudieran envejecer en un ambiente culturalmente familiar.

Casa Otoñal employees Eddie Valazquez and Millie Ramos deliver resident Amelia Toledo a meal of Latin-inspired cuisine outside of her apartment. Residents can eat communally each weekday, and deliveries are offered for those who can’t make it.
Ryan Caron King
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Empleados de Casa Otoñal, Eddie Valazquez y Millie Ramos, entregan una comida de estilo latino a la residente Amelia Toledo frente a su apartamento. Los residentes pueden comer en compañía de lunes a viernes, y se ofrece servicio de entrega a domicilio para quienes no pueden asistir.

Esa visión se materializó en 1986 con el desarrollo de Casa Otoñal Housing, construido bajo fondos federales del “Programa de Vivienda de Apoyo para Personas Mayores” para adultos de 62 años o más y de bajos ingresos.

Actualmente, cuenta con 104 apartamentos de vivienda independiente. Cerca del 85% de los residentes son latinos y nueve de cada 10, puertorriqueños, según su presidente.

Con los años, la organización identificó nuevas necesidades dentro de la comunidad. Muchos residentes ayudaban a familiares más jóvenes, una realidad que llevó a la creación de Casa Familia, el mismo concepto, pero con apartamentos más grandes para aquellos abuelos que crían a sus nietos.

La experiencia también incluye programas educativos, actividades culturales y servicios para residentes y vecinos. Entre los proyectos más recientes, figura la rehabilitación de una estructura comunitaria a la que nombraron “La Casita”.

La organización espera que, en “La Casita”, los residentes puedan desarrollar y administrar pequeños emprendimientos.

El “bache” que hay en la islaDatos del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano muestran que existen, al menos, 58 desarrollos residenciales de vivienda para personas mayores en Connecticut, que agrupan unas 4,511 unidades.

Además, unas 20,054 personas participan del “Connecticut Home Care Program for Elders”, una iniciativa que ofrece comidas a domicilio, transportación, asistencia personal, terapias y otros apoyos para que los adultos mayores puedan permanecer viviendo de forma independiente durante más tiempo.

En Puerto Rico, por otro lado, existen 45 proyectos de vivienda para adultos mayores bajo el Departamento de la Vivienda, financiados por el Programa de Subsidio de Vivienda (Ley 173 de 1966).

La Administración de Vivienda Pública cuenta con nueve proyectos adicionales, para un total de 54 égidas subsidiadas bajo la agencia, lo que representa la residencia de 3,725 adultos mayores.

Bajo los programas de créditos contributivos federales, los récords de Vivienda muestran unas 89 égidas a través de toda la isla en operación, para un total de 8,320 unidades.

“Además de desarrollar y preservar proyectos de vivienda para esta población, es importante ampliar iniciativas que permitan a las personas permanecer en sus hogares durante la mayor parte de sus vidas”, sostuvo la agencia, en declaraciones escritas.

Luz Rivera places the crown she was given when she was appointed “Reina” or “Queen” at the Casa Otoñal community center — a title that is given once a year. “It’s more than just a meal,” said Elmer Rivera Bello, Casa Otoñal’s CEO, who says the nonprofit's lunch program gives residents an opportunity to connect with others and avoid social isolation, and for employees there to identify needs within the community.
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Luz Rivera se coloca la corona que recibió al ser nombrada "Reina" del centro comunitario Casa Otoñal, un título que se otorga una vez al año.

En ese sentido, Vivienda admitió la importancia de continuar impulsando oportunidades para garantizar que los adultos mayores de la isla puedan permanecer conectados con sus comunidades.

“Entre los principales desafíos, se encuentran ampliar la oferta de vivienda asequible para adultos mayores, preservar los proyectos existentes, promover viviendas accesibles y fortalecer la coordinación entre los sectores de vivienda, salud y servicios sociales”, estableció la agencia.

En entrevista telefónica, la presidenta de la Asociación de Dueños de Centros de Cuidado de Larga Duración, Minerva Gómez Ramos, reconoció que uno de los principales retos que la isla enfrenta es lo que describió como un “bache” entre los servicios disponibles para adultos mayores que aún pueden vivir de manera independiente y aquellos que ya requieren cuidado prolongado.

De acuerdo con Gómez Ramos, mientras estados como Connecticut cuentan con distintas transiciones de cuidadodesde programas comunitarios y vivienda independiente hasta modalidades de vivienda asistida y servicios especializados–, en la isla, muchas veces, las opciones terminan concentrándose entre las égidas y centros de cuidado prolongado, con menos alternativas intermedias para personas cuyas necesidades aumentan gradualmente con el paso de los años.

Según registros de la Asociación, hay alrededor de 1,088 de estos centros, que son alojamientos que ofrecen asistencia diaria con supervisión para adultos mayores que no pueden vivir de forma independiente.

En ellos, se atienden unas 29,030 personas, lo que representa solo un 4.7% de los adultos mayores en la isla, según datos suministrados por el vicepresidente de la Asociación, José Romero Cárdenas.

Por su parte, Rivera Bello –quien tiene raíces en Ponce y Orocovis– insistió en que el modelo “holístico” de Casa Otoñal “es prácticamente inexistente para los adultos mayores en la isla”.

“Aquí, los residentes tienen acceso a un programa diario de comidas, actividades de participación social, referencias de salud y servicios de apoyo que abordan el aislamiento, la nutrición y el bienestar general”, comentó.

La isla, añadió, aporta los ingredientes: la cultura, el sentido de comunidad y los valores familiares. Lo que no ha tenido es la infraestructura y la inversión necesaria para responder a la necesidad.

Falta de voluntad políticaAunque la vivienda es el componente más visible del proyecto, quienes viven en Casa Otoñal recalcan que el verdadero valor está en la comunidad que se ha formado.

“No consideraría regresar a la isla, me quedaría aquí”, afirmó Francis Villafamanía, de 59 años y procedente de Añasco.

Villafamanía emigró a Estados Unidos a los 18 años para trabajar recogiendo manzanas, ganar dinero y, luego, poder traer al estado a su madre y a cinco de sus nueve hermanos. Su madre vivió en Casa Otoñal hasta fallecer.

A su lado, estaba Margarita Rivas, de 63 años, quien es asistente de cuidado personal y colabora regularmente con Casa Otoñal.

Benita Garcia (left) celebrates after winning her second game of dominoes against Luciano Reyes at Casa Otoñal. The nonprofit’s lunch program provides Latin-inspired cuisine and a place to socialize for seniors every weekday in New Haven, Connecticut.
Ryan Caron King
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Benita García (izquierda) celebra tras ganar su segunda partida de dominó contra Luciano Reyes en Casa Otoñal. El programa de almuerzos de esta organización sin fines de lucro ofrece comidas y un espacio de socialización para personas mayores todos los días laborables en New Haven, Connecticut.

“Me da mucha pena que, en Puerto Rico, estén pasando por esa situación y no tengan todos los beneficios que hay en Estados Unidos, pero yo me quedaría aquí. Este es mi segundo hogar y ellos son mi familia”, aseguró.

Casa Otoñal atiende, también, a personas que no viven en el complejo.

Aida Vélez, de 90 años y originaria de Aibonito, participa de las actividades acompañada por su cuidadora. Aunque quisiera regresar a Puerto Rico para evitar las bajas temperaturas, admite que, en Connecticut, no se siente sola porque tiene “amistades”.

Las dinámicas incluyen talleres de manualidades, excursiones, celebraciones culturales, almuerzos típicos y programas intergeneracionales.

Al momento, Casa Otoñal mantiene una lista de espera de un año y medio. Según Rivera Bello, la demanda ha aumentado, en parte, por la llegada de adultos mayores desde Puerto Rico que buscan vivienda asequible, acceso a servicios y apoyo comunitario.

A su juicio, la isla necesita voluntad política, acceso equitativo a fondos y liderato comunitario dispuesto a impulsar proyectos a largo plazo.

“Esto no es un reflejo de la cultura puertorriqueña ni de sus valores. Es un fracaso de política pública y de inversión. Puerto Rico construyó esta generación. Nuestros adultos mayores merecen envejecer con dignidad, propósito y comunidad, no en pobreza ni aislamiento”, puntualizó.

Rachel Iacovone (ee-AH-koh-VOAN-ay) is a proud puertorriqueña, who joined Connecticut Public to report on her community in the Constitution State. Her work is in collaboration with Somos CT, a Connecticut Public initiative to elevate Latino stories and expand programming that uplifts and informs our Latino communities, and with GFR in Puerto Rico.

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