En Connecticut, donde el 8% de la población es boricua, el apoyo a las familias de menos recursos llega, en gran parte, gracias a organizaciones sin fines de lucro dirigidas por puertorriqueños que conocen de primera mano lo que significa empezar de cero y sostenerse lejos de la isla.
En esta época del año, una de las temporadas más difíciles para las familias de bajos ingresos, la presión económica aumenta ante gastos asociados a la Navidad y el Día de Reyes. Por tanto, el apoyo de los líderes comunitarios se refleja en alimentos, servicios o, a veces, simplemente un oído para los 288,000 puertorriqueños que componen la diáspora en el estado.
Una de esas líderes es Nilda Morales-Rivera, directora del Centro Familiar y el Centro para Personas Mayores del Instituto para las Familias Hispanas (IHF, en inglés), programas que operan bajo Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Hartford (CCAH, en inglés).
“Ya hay más de 500 familias registradas para recibir regalos el Día de Reyes. Mientras nuestras tradiciones sigan vivas, no se olvidará nuestro país”, afirmó Morales-Rivera.
La realidad económica explica gran parte de esta necesidad. En Connecticut, muchos puertorriqueños trabajan en empleos cercanos al salario mínimo, fijado en $16.35 la hora. Esto se traduce en un ingreso medio de $48,656 al año en los hogares boricuas, cuando el promedio estatal es de $91,665.
La Encuesta de la Comunidad del Censo de Estados Unidos reveló, en 2023, que el 22% de todos los puertorriqueños en el estado vivía por debajo del nivel de pobreza, situación que afecta principalmente a los hogares encabezados por mujeres con hijos menores de 18 años.
Desde su rol, Morales-Rivera coordina servicios que incluyen referidos de ropa, distribución de alimentos, ayuda con solicitudes para el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, en inglés) y apertura de pequeños comercios.
Natural de Cayey y de 52 años, llegó a Connecticut hace tres décadas. En algún momento, regresó a Puerto Rico durante un año, pero una situación de violencia doméstica la obligó a regresar a Estados Unidos con sus dos hijas para rehacer su vida, esta vez, en East Hartford.
“Llegué sin nada, como uno dice”, recordó, en entrevista telefónica con El Nuevo Día.
En el proceso de restablecerse, matriculó a sus hijas en la Escuela María C. Sánchez –nombrada en honor a la primera legisladora puertorriqueña de Connecticut–. Su constante participación en actividades comunitarias escolares la llevó a convertirse en presidenta de la junta de padres, descubriendo su vocación por el servicio.
En dos años, culminó un grado asociado en educación, empezando a trabajar como maestra posteriormente para las Escuelas Públicas de Hartford (HPS, en inglés), un sistema escolar de 16,000 alumnos, de los cuales el 85% son de raza negra, hispana o indígena (mayormente jamaiquinos y puertorriqueños), y el 21% no domina el inglés como primer idioma. En Hartford, capital del estado, el 37% de la población es boricua.
“Me fijé en que me gustaba trabajar con las familias. Estar en un salón de clases me limitaba, yo quería dar más”, explicó, sobre la inquietud que la llevó a certificarse como especialista en trabajo con familia y a continuar en el servicio comunitario, aun cuando implicaría un salario menor.
El Instituto para las Familias Hispanas es la división enfocada en familias latinas dentro de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Hartford, y brinda apoyo como seguridad alimentaria, manejo de casos, asistencia con documentos, acceso a beneficios públicos y programación para adultos mayores.
Aunque la agencia es una entidad católica, su misión “trasciende la religión”, subrayó Morales-Rivera.
El 95% de las familias atendidas por el Instituto son hispanas; entre un 80% y 85% son puertorriqueñas, mientras que el porcentaje restante incluye personas afroamericanas, asiáticas y estadounidenses. Anualmente, impacta a más de 1,500 familias, sin sumar las otras entidades de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Hartford, que tiene sobre 300 empleados.
Bajo supervisión directa de Morales-Rivera, trabajan tres empleados, además de cinco voluntarios que son “todos puertorriqueños”. En reconocimiento a su labor, fue galardonada, en noviembre, con el Premio al Servicio Comunitario en el Banquete de los Premios María C. Sánchez 2025.
Otra pieza clave del apoyo comunitario es Connecticut Foodshare, el banco de alimentos sin fines de lucro más grande del estado. Allí, labora Luis Rodríguez-Porter, director de Servicios Voluntarios.
Rodríguez-Porter, de 46 años, nació en Puerto Rico y llegó a Connecticut con 3 meses de edad, cuando su familia emigró, en 1979. Creció viajando a la isla todos los veranos y navidades, y fue maestro durante 15 años en el Consejo de Educación de la Región del Capitolio (CREC, en inglés), en Hartford, siguiendo los pasos de su madre, quien ejerció como docente durante 29 años.
Tras una década trabajando directamente con familias en el ámbito educativo, en 2022, se integró a Connecticut Foodshare como representante de relaciones y, en 2024, asumió la dirección de Servicios Voluntarios.
Connecticut Foodshare colabora con más de 600 agencias en el estado y opera con 123 empleados. El trabajo de Rodríguez-Porter es garantizar que 60 voluntarios diarios procesen los alimentos donados por los supermercados para que puedan distribuirse.
“Hicimos la matemática, y esos voluntarios equivalen a 23 empleados a tiempo completo que no podemos pagar”, continuó. Los voluntarios son mayormente retirados.
Actualmente, alrededor de 25,000 familias reciben alimentos a través de los camiones móviles de la entidad, sin contar los bancos de comida tradicionales a los que suplen. En la comunidad latina y puertorriqueña, los productos más solicitados son carnes enlatadas, huevos y leche.
La experiencia de Rodríguez-Porter fue clave durante el inicio de las redadas migratorias bajo la administración del presidente Donald Trump.
Tal como relató a este medio, muchas familias latinas, o de puertorriqueños casados con otros hispanos, buscaban comida evitando salir a lugares públicos o al trabajo por miedo al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, en inglés). Esto les obligó a reforzar la atención en español, incluso en el área de recepción.
Para quienes deseen colaborar, Rodríguez-Porter enfatizó que donar dinero tiene mayor impacto que entregar alimentos. Por ejemplo, “una caja grande de atún puede costar $49 en una megatienda, mientras que la organización puede adquirirla por $7 al comprar al por mayor”.
Por sus aportaciones, Rodríguez-Porter recibió, en septiembre, el Premio Líder Comunitario durante la Parada Puertorriqueña de Hartford y Festival del Coquí 2025.
El liderazgo puertorriqueño también se extiende a otras entidades claves de servicios sociales en el estado, como el Concilio de Salud Hispana (HHC, en inglés), organización fundada por boricuas hace 55 años que sirve hoy como un ente que vela por la salud comunitaria accesible. De hecho, lleva un coquí taíno como logo.
Para mas recursos
Connecticut Foodshare abre todos los días del año. Las residentes en el estado pueden enviar un texto con la palabra “COMIDA” al 85511 para recibir un listado de lugares donde obtener ayuda.
Mientras, las personas interesadas en orientación sobre los servicios del Instituto para las Familias Hispanas pueden contactar a Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Hartford al (860) 493-1841.
Por obtener más recursos para los latinos en Connecticut, incluyendo un mapa de recursos para la comunidad latina y una guía de recursos para inmigrantes, visite la página de Recursos para la Comunidad Latina de SOMOS CT.